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November 20 2009
Pequeña antología vergonzante de la poesía argentina
Ricardo Güiraldes (1886-1927)
Luna
Luna que haces ulular a los perros y los poetas.
Faro de tiza
astro en camisa.
Disco, casco y guadaña, colgada al hombro de la noche, representante de muerte.
Impotente
intermitente.
Parásito luminoso del sol, chinchorro giratorio de nuestra barca sideral.
Ronda vejiga
pálida miga.
Surtidora de falsas purezas. Frígido ovillo.
Pulcro botón de calzoncillo.
Nadie te teme; todos te quieren. Inofensivo bollo de harina sin importancia.
Blanca jactancia.
Sudario de azoteas. Velador de noctámbulos.
Orgullo hinchado
de trasnochado.
Luna, muerte, maleficio
gorda madama del precipicio.
Ojalá se ahogue dentro de un charco,
tu ojo zarco.
Ángel caído en frialdad, per-in-eternum.
Mundo maldito,
me importa un pito.
Carlos Guido y Spano (1827-1918)
Trova
He nacido en Buenos Aires
¡qué me importan los desaires
con que me trate la suerte!
Argentino hasta la muerte
he nacido en Buenos Aires.
Tierra no hay como la mía;
¡ni Dios otra inventaría
que más bella y noble fuera!
¡Viva el sol de mi bandera!
Tierra no hay como la mía.
Hasta el aire aquí es sabroso;
nace el hombre alegre, brioso,
y las mujeres son lindas
como en el árbol las guindas;
hasta el aire aquí es sabroso.
¡Oh, Buenos Aires, mi cuna!
¡De mi noche amparo y luna!
aunque en placeres desbordes,
oye estos dulces acordes
¡oh, Buenos Aires, mi cuna!
Fanal de amor encendido,
borda el cielo tu vestido
de rosas y rayos de oro:
eres del mundo tesoro,
fanal de amor encendido.
¿Quién al verte no te admira
y al dejarte no suspira
por retornar a tus playas?
Deidad de las fiestas mayas,
¿quién al verte no te admira?
De tus glorias que otros canten,
y a las nubes te levanten
entre palmas y trofeos.
Yo no asisto a esos torneos:
de tus glorias que otros canten.
Tu esplendor diré tan sólo,
si no del ya viejo Apolo
con la lira acorde y fina,
en mi guitarra argentina
tu esplendor diré tan sólo.
Voluptuosa te perfumas
de junquillos y arirumas;
cuando te adornas y encintas,
en las áureas de tus quintas
voluptuosa te perfumas.
Goza del Plata al arrullo
llena de garbo y orgullo,
criolla sin par, blasonante
de tu destino brillante,
goza del Plata al arrullo.
Triunfa, baila, canta, ríe;
la fortuna te sonríe
eres libre, eres hermosa;
entre sueños, color rosa,
triunfa, baila, canta, ríe.
¡Cuántos medran a tu sombra!
Tu campiña es verde alfombra,
tus astros vivos topacios;
habitando tus palacios
¡cuántos medran a tu sombra!
Bajo de un humilde techo
vivo, en tanto, satisfecho
bendiciendo tu hermosura,
que bien cabe la ventura
bajo de un humilde techo.
La riqueza no es la dicha;
si perdí la última ficha
al azar de la existencia,
saqué en limpio esta sentencia:
la riqueza no es la dicha.
He nacido en Buenos Aires
¡qué me importan los desaires
con que me trate la suerte!
Argentino hasta la muerte
he nacido en Buenos Aires.
Nenia - Canción Fúnebre
En idioma guaraní,
una joven paraguaya
tiernas endechas ensaya
cantando en el arpa así,
en idioma guaraní:
¡Llora, llora urutaú
en las ramas del yatay,
ya no existe el Paraguay
donde nací como tú ?
¡llora, llora urutaú!
¡En el dulce Lambaré
feliz era en mi cabaña;
vino la guerra y su saña
no ha dejado nada en pie
en el dulce Lambaré!
¡Padre, madre, hermanos! ¡Ay!
Todo en el mundo he perdido;
en mi corazón partido
sólo amargas penas hay ?
¡Padre, madre, hermanos! ¡Ay!
De un verde ubirapitá
mi novio que combatió
como un héroe en el Timbó,
al pie sepultado está
¡de un verde ubirapitá!
Rasgado el blanco tipoy
tengo en señal de mi duelo,
y en aquel sagrado suelo
de rodillas siempre estoy,
rasgado en blando tipoy.
Lo mataron los cambá
no pudiéndolo rendir;
él fue el último en salir
de Curuzú y Humaitá ?
¡Lo mataron los cambá!
¡Por qué, cielos, no morí
cuando me estrechó triunfante
entre sus brazos mi amante
después de Curupaití!
¡Por qué, cielos, no morí!...
¡Llora, llora, urutaú
en las ramas del yatay;
ya no existe el Paraguay
donde nací como tú-
¡Llora, llora, urutaú!
Leopoldo Lugones (1874-1946)
Delectación morosa
La tarde, con ligera pincelada
que iluminó la paz de nuestro asilo,
apuntó en su matiz crisoberilo
una sutil decoración morada.
Surgió enorme la luna en la enramada;
las hojas agravaban su sigilo,
y una araña en la punta de su hilo,
tejía sobre el astro, hipnotizada.
Poblóse de murciélagos el combo
cielo, a manera de chinesco biombo
tus rodillas exangües sobre el plinto
manifestaban la delicia inerte,
y a nuestros pies un río de jacinto
corría sin rumor hacia la muerte.
Baldomero Fernández Moreno (1886-1950)
Setenta balcones y ninguna flor
Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?
La piedra desnuda de tristeza agobia,
¡Dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta bobo de ilusiones?
¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?
Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá una clave...
¡Setenta balcones y ninguna flor!
La vaca muerta
Lentamente venía la vaca bermeja,
por el campo verde todo lleno de agua;
lentamente venía, los ojos muy tristes,
la cabeza baja,
y colgando del morro brillante
un hilo de baba.
Enferma venía la buena, la única
de la pobre chacra.
-¡Hazla correr, hombre!-
la mujer gritaba
al viejo marido--
¡si viene empastada!
Y el viejo marido,
los brazos subía y bajaba,
y la vaca corrió como pudo,
los ojos más tristes, la cabeza baja.
Junto a un alambrado
salpicando el agua
cayó muerta la vaca bermeja
¡el viejo y la vieja lloraban!
Y vino un vecino
con una cuchilla afilada,
y en el vientre redondo y sonoro
dio otra puñalada.
Un poco de espuma
de un verde muy claro de alfalfa,
surgió por la herida, y el docto vecino,
después de profunda mirada,
acabó sentencioso: la carne está buena,
hay que aprovecharla.
Los cielos estaban color de cenizas,
el viejo y la vieja lloraban.
Carlos Latorre (1916-1980)
Yo, Pantagruel
Siento deseos de vomitar.
Deben ser los residuos de todo lo que me obligaron a tragar,
mas volvería a devorarlo todo porque mi cuerpo está hecho de lo poco o mucho
que pude asimilar.
Mi banquete fue opíparo
y espero todavía,
espero;
espero poco de lo que leí
y el retorno de siquiera parte de lo mucho que viví,
aun sabiendo que el agua no pasa dos veces por el mismo lugar.
No me lamento por eso.
Lo pasado,
hasta aquí.
Ahora espero,
simplemente espero no sé qué
a quién
ni para qué.
Seguramente se trata de algo
o de alguien
que todavía permanece fuera de mí
fuera de sí;
de aquello que,
seguramente,
nunca poseí
y por lo tanto
no llegué a ingerir.
Y no me resigno.
En una antología de los mejores poetas argentinos
No registro por olvidables al antólogo ni a la editorial
November 19 2009
Stephen Jay Gould – La sabiduría orgánica o por qué debe una mosca comerse a su madre desde dentro
Desde que el hombre creó a Dios a su imagen y semejanza, la doctrina de la creación especial jamás ha dejado de explicar aquellas adaptaciones que comprendemos intuitivamente. ¿Cómo podemos dudar de que los animales estén exquisitamente diseñados para los papeles que tienen asignados cuando, vemos cazar a una leona, correr a un caballo o refocilarse en el agua a un hipopótamo? La teoría de la selección natural jamás hubiera reemplazado a la doctrina de la creación divina si los diseños admirables fueran patrimonio de todos los organismos. Charles Darwin así lo comprendió, y por consiguiente se concentró en aquellos rasgos que estarían fuera de lugar en un mundo construido por una perfecta sabiduría. ¿Por qué; por ejemplo, iba a crear un diseñador sensato una serie de marsupiales exclusivamente en Australia para ocupar los mismos puestos que los mamíferos placentarios ocupan en todos los demás continentes? Darwin llegó incluso a escribir todo un libro sobre orquídeas para argüir que las estructuras desarrolladas para garantizar la fecundación están construidas a partir de partes ya existentes utilizadas por sus antecesores para fines diferentes. Las orquídeas son máquinas de Rube Goldberg; un ingeniero perfecto habría diseñado sin lugar a dudas algo más eficaz.
Este principio sigue estando vigente hoy en día. La mejor ilustración de la adaptación por evolución es aquella que impacta sobre nuestra intuición por su extrañeza o peculiaridad. La ciencia no es el “sentido común organizado”; en su mejor faceta, reformula nuestra visión del mundo imponiendo poderosas teorías sobre los antiguos prejuicios antropocéntricos que nosotros denominamos intuición.
Consideremos, por ejemplo, el caso de los cínifes cecidómidos de las agallas. Estos diminutos mosquitos llevan una vida que tiende a evocar en nosotros sentimientos de dolor o repugnancia cuando nos sentimos inclinados a empatizar con ellos evocando los inadecuados estándares de nuestros propios códigos sociales.
Los cínifes de las agallas pueden crecer y desarrollarse siguiendo uno o dos senderos. En algunas situaciones ponen huevos, atraviesan la secuencia normal de mudas larvaria y pupal, y emergen como adultos normales de reproducción sexual. Pero en otras circunstancias, las hembras se reproducen por partenogénesis, dando a luz a su descendencia sin el auxilio del macho. La partenogénesis es bastante común entre los animales, pero los cecidómidos le añaden una variante de interés. En primer lugar, las hembras partenogenéticas detienen su desarrollo en una etapa temprana de éste. Jamás llegan a ser adultos normales, sino que se reproducen mientras son aún larvas o pupas. En segundo lugar, estas hembras no ponen huevos. La descendencia se desarrolla dentro del cuerpo de la madre -no abastecida de nutrientes y empaquetada dentro de un útero protegido, sino dentro de los propios tejidos de la madre, llegando eventualmente a llenar por completo su cuerpo. Para poder crecer, los jóvenes devoran a su madre desde su interior. Pocos días más tarde, emergen dejando tan sólo una carcasa quitinosa como restos mortales de su progenitora. Y en el transcurso de dos días sus propios hijos empiezan a comérselos literalmente a su vez.
El Micromalthus debilis, un escarabajo que no tiene parentesco alguno con los cínifes, ha desarrollado un sistema casi idéntico con una macabra variante. Algunas hembras partenogenéticas dan a luz a un único descendiente macho. Esta larva se aferra a la cutícula de su madre durante cuatro o cinco días, después inserta su cabeza en la abertura genital y la devora. Jamás mujer alguna disfrutó de amor más apasionado.
¿Cómo pudo evolucionar tan peculiar modo de reproducción? Porque resulta insólita incluso desde la perspectiva de los insectos, y no sólo según los patrones típicos de nuestras propias percepciones. ¿Cuál es el significado adaptativo de un modo de vida que tan bárbaramente viola nuestras intuiciones acerca del buen diseño?
Para dar respuesta a estas cuestiones, debemos proceder a lo largo del proceso de argumentación habitual de los estudios evolutivos: el método comparativo. (Louis Agassiz no actuó caprichosamente al darle al edificio en el que trabajó el nombre que tanto ha desconcertado a tantas generaciones de visitantes de Harvard Museo de Zoología Comparativa). Debemos encontrar un objeto de comparación que sea genéticamente similar, pero que esté adaptado a un modo de vida diferente. Afortunadamente, el complejo ciclo vital de los cecidómidos nos da una pista. No tenemos necesidad de comparar la madre asexual, larvaria, con una especie relacionada de incierta afinidad y parecido genético; podemos compararla con la forma genéticamente idéntica alternativa de la misma especie, el adulto sexual normal. ¿Cuál es entonces la diferencia entre la ecología de las formas partenogenética y normal?
Los cecidómidos viven y se alimentan de hongos, normalmente setas. La forma móvil, normal, actúa como exploradora: encuentra la nueva seta. Sus descendientes, al vivir ahora sobre una fuente de alimentos superabundante, se reproducen asexualmente como larvas o pupas y se convierten en la forma no voladora, de alimentación, de la especie (una seta puede sustentar centenares de estos diminutos animales). Sabemos que la reproducción partenogenética continuará mientras la comida resulte abundante. Un investigador llegó a obtener 250 generaciones larvarias consecutivas aportando el alimento suficiente y evitando que se produjeran apiñamientos. En la naturaleza, no obstante, la seta queda eventualmente consumida.
H. Ulrich y sus colaboradores han estudiado la secuencia de cambios en respuesta a la disminución de los alimentos en la especie Mycophyla speyeri. Cuando disponen de alimento en abundancia, todas las madres partenogenéticas generan camadas femeninas entre cuatro y cinco días. Al ir disminuyendo los suministros de alimento, surgen camadas de machos y mixtas. Si las larvas hembra no reciben nada de alimento se transforman en adultos normales.
Estas correlaciones tienen una base adaptativa razonablemente poco ambigua. La hembra partenogenética no voladora permanece en la seta y se alimenta. Cuando agota su alimento, produce descendientes alados para la búsqueda de nuevas setas. Pero esto tan sólo araña la superficie de nuestro dilema, ya que no tiene relevancia con respecto a nuestra interrogante central: ¿Por qué reproducirse tan deprisa como larva o pupa y por qué la auto-destrucción en un supremo sacrificio en favor de los descendientes?
En mi opinión la solución al dilema yace en la frase “tan deprisa”. La teoría evolutiva clásica se concentraba en la morfología a la hora de buscar explicaciones adaptativas. ¿Cuál, en este caso, es la ventaja que tiene para los consumidores de setas la existencia de una morfología juvenil persistente en las hembras reproductoras? La teoría tradicional jamás fue capaz de encontrar una respuesta porque había planteado la pregunta equivocada. En el transcurso de los últimos quince años, el surgimiento de la ecología teórica de poblaciones ha transformado el estudio de las adaptaciones. Los evolucionistas han descubierto que los organismos se adaptan no sólo alterando su tamaño y su forma sino también ajustando la temporización de sus vidas y la energía invertida en diferentes actividades (alimentación, crecimiento y reproducción, por ejemplo). Estos ajustes son denominados “estrategias de la historia vital”.
Los organismos desarrollan diferentes estrategias de su historia vital para que encajen en diferentes tipos de entornos. Entre las teorías que correlacionan la estrategia con el entorno, la teoría de la selección r y K, desarrollada por R. H. MacArthur y E. O. Wilson a mediados de los sesenta, ha sido sin duda la de mayor éxito.
La evolución, tal y como viene habitualmente ilustrada en los libros de texto y reseñada en la prensa popular, es un proceso de inexorable depuración de las formas: los animales son delicadamente “sintonizados” a su medio ambiente a través de una constante selección de formas mejor adaptadas. Pero existen varios tipos de ambiente que no hacen aparecer tal tipo de respuesta evolutiva. Supongamos que una especie vive en un entorno que impone sobre ella una mortalidad irregular y catastrófica (por ejemplo, estanques que se secan, o mares poco profundos sacudidos por tormentas). O supongamos que los alimentos resultan efímeros y difíciles de encontrar, pero que son superabundantes una vez localizados. Los organismos no pueden sintonizar delicadamente con semejantes entornos, ya que no existe nada lo suficientemente estable a lo que ajustarse. Lo mejor en tal situación será invertir toda la energía posible en la reproducción -fabricar todos los descendientes posibles, a la mayor velocidad posible, para que alguno sobreviva a la catástrofe. Reproducirse como locos mientras se dispone del efímero recurso, ya que no durará mucho y parte de la progenie deberá sobrevivir para localizar la siguiente fuente de alimentos.
Cuando hablamos de presiones evolutivas orientadas a la maximización del esfuerzo reproductivo a expensas de delicados ajustes morfológicos, las denominamos selección r; los organismos así adaptados son r-estratégicos (r es la medida tradicional de la “tasa intrínseca de incremento del volumen de la población” en una serie de ecuaciones ecológicas básicas). Las especies que viven en entornos estables, en poblaciones de volumen cercano al máximo que su medio ambiente puede sustentar, no obtendrían beneficio alguno produciendo hordas de progenie malamente adaptadas. Sería mejor para ellas criar unos pocos descendientes exquisitamente sintonizados. Tales especies son de estrategia K (K es la medida de la “capacidad de sustentación” ambiental en la misma serie de ecuaciones).
Los cínifes partenogenéticos de las agallas viven en un medio ambiente r clásico. Las setas son escasas y están muy separadas entre sí, pero resultan superabundantes cuando son localizadas por un mosquito tan pequeño. Los cecidómidos obtienen por lo tanto una ventaja selectiva si utilizan las setas recién descubiertas para aumentar el volumen de su población a toda velocidad. ¿Cuál es entonces el modo más rápido de multiplicar rápidamente una población? ¿Deberían acaso los adultos poner más huevos o deberían tal vez reproducirse lo antes posible en el transcurso de sus vidas? Esta cuestión ha inspirado muchas obras entre los ecólogos inclinados hacia las matemáticas. En la mayor parte de las situaciones, la clave para un crecimiento rápido es una reproducción temprana. Una reproducción de un 10 por ciento en la edad de la primera reproducción puede dar como resultado en muchos casos un incremento de un 100 por ciento en la fecundidad.
Finalmente, podemos comprender la peculiar biología reproductiva de los cínifes cecidómidos de las agallas: simplemente han desarrollado algunas adaptaciones notables orientadas a una reproducción temprana y a unos tiempos de generación extremadamente cortos. Al hacerlo así, se han convertido en consumados estrategas-r en su clásico entorno-r de recursos efímeros y superabundantes. Así pues, se reproducen mientras son aún larvas, y casi inmediatamente después de salir a la luz, empieza a desarrollarse en su interior la siguiente generación. En Micophyla speyeri, por ejemplo, el estratega-r partenogenético sufre una muda, se reproduce como larva verdadera, y produce hasta 38 descendientes en cinco días. Los adultos sexuales normales requieren dos semanas para desarrollarse. Los reproductores larvarios mantienen una capacidad fenomenal para incrementar el volumen de la población. En el transcurso de cinco semanas tras su introducción en un lecho comercial de setas, Micophyla speyeri puede alcanzar una densidad de población de 180.000 larvas reproductoras por metro cuadrado.
Una vez más podemos seguir el método comparativo para convencernos de que esta explicación tiene sentido. El modelo de los cecidómidos ha sido seguido por otros insectos que habitan una serie de entornos similares. Los áfidos, por ejemplo, se alimentan de la savia de las hojas. Una hoja, para estos diminutos insectos, es algo muy parecido a lo que una seta puede representar para un cínife de las agallas, una fuente de alimentos grande y efímera que debe ser convertida todo lo rápidamente que sea posible en todos los áfidos que se pueda. La mayor parte de los áfidos tienen formas partenogenéticas alternativas, sin alas y con alas (tienen también una forma sexual invernal con la que no nos entretendremos aquí). Como probablemente se hayan imaginado, la forma sin alas es una forma comedora. Aunque no es una larva, conserva muchos rasgos morfológicos juveniles. Conserva también una notable capacidad para la reproducción temprana. El desarrollo embrionario comienza de hecho en el cuerpo de la madre antes del nacimiento de ésta, y puede llegar a haber hasta dos generaciones subsiguientes “dentro” de cada “abuela”. (Los áfidos, no obstante, no son devorados por sus descendientes.) Su capacidad para crear grandes poblaciones es legendaria. Si todos sus descendientes llegaran a reproducirse, una sola madre de Aphis fabae podría producir 524 mil millones de descendientes en un solo año. Los áfidos alados se desarrollan más lentamente.Una vez consumida, la hoja vuelan en busca de otra hoja, donde sus descendientes revierten a la forma áptera y recomienzan su rápido ciclo generacional.
Lo que al principio parecía tan peculiar resulta ahora ser eminentemente razonable. Puede incluso resultar una estrategia óptima para ciertos entornos. No podemos afirmarlo con seguridad ya que se desconocen multitud de aspectos de la biología de los cecidómidos. Pero sí podemos subrayar la notable convergencia hacia la misma estrategia de un organismo totalmente diferente, el escarabajo Micromalthus debilis. Este escarabajo vive y se alimenta sobre madera húmeda en putrefacción. Cuando la madera se seca, el escarabajo desarrolla una forma sexual para buscar nuevos recursos alimenticios. La forma comedora que habita en la madera ha desarrollado una serie de adaptaciones que repite las características de los cecidómidos hasta los detalles más complejos y peculiares. También es partenogenética. Se reproduce también en una fase morfológicamente juvenil. Los jóvenes se desarrollan también en el seno de la madre y eventualmente la devoran. Las madres producen también tres tipos de camada: sólo hembras cuando la comida es abundante y sólo machos o machos y hembras cuando escasean los recursos.
Nosotros, los humanos, con nuestro lento desarrollo, nuestra larga gestación y el tamaño mínimo de nuestras camadas somos consumados estrategas- K y podemos sentirnos tentados a mirar con malos ojos las estrategias de otros organismos, pero en su mundo r-selectivo, los cecidómidos están sin duda haciendo lo correcto
Desde Darwin, reflexiones sobre Historia Natural
Traducción: Antonio Resines
Hermann Blume Ediciones, Madrid
.
November 18 2009
Gottfried Benn (1886-1956) - Novia del negro
Entonces yacía sobre almohadas de sangre oscura
la nuca rubia de una mujer blanca.
El sol rabiaba en su pelo
y le lamía largamente el muslo claro,
y se hincaba en torno de sus más parduscos senos
intactos aún de vicio y parto.
A su lado un negro: por coz de pezuña equina
ojos y frente destrozados. Penetraba
con dos dedos de su inmundo pie izquierdo
en el interior de su pequeña oreja blanca.
Pero ella yacía y dormía como una novia:
en el festón de su dicha del primer amor
y como al umbral del inicio de muchas Ascensiones
de la tibia sangre joven.
Hasta que le
hundieron el cuchillo en la blanca garganta
y le echaron un mandil púrpura de sangre muerta
en torno a las caderas.
Versión Verónica Jaffé
Fondo Editorial Pequeña Venecia
Caracas, 1991
November 17 2009
November 16 2009
Catulli Carmina, LI
Parece un dios; si es imaginable,
más que un dios, aquel que
sentado frente a ti, te observa
y te oye
reír dulcemente. Miserable hombre soy:
esto que veo destruye mis sentidos.
Si estás frente a mí, Lesbia,
estoy perdido,
se vuelve torpe la lengua; un filamento
de fuego recorre los miembros; en los oídos
tintinean sonidos gemelos; la noche
cubre la luz.
El ocio, Catulo, te fastidia.
El ocio exalta demasiado.
El ocio perdió en otros tiempos
a reyes y estados.
Versión de Jorge Aulicino
Catulli Carmina, LXXXV
Odio y amo. Me preguntarás cómo lo hago.
No lo sé. Pero sé qué es, y me crucifica.
Versión Jorge Aulicino
November 15 2009
Joaquín Giannuzzi (1924-2004) - Uvas rosadas
Este breve racimo
de uvas rosadas pertenece
a otro reino.
Yace, sobre mi mesa,
en la fría integridad de su peso terrestre
mientras yo permanezco silencioso
imposibilitado
de oponer mi vida a su carnal exuberancia.
Casi con horror admiro allí
la dura tensión del agua
hacia la piel mortal
como una realidad insoportable.
He aquí un remoto acontecer:
todo transcurre del otro lado, fuera
del rumor insensato
de la existencia humana.
Comprendo que hay un límite
cuyo paso en el tiempo
me está vedado
de modo que el puro conocimiento
sólo cabe en la mera travesura de la mente.
Más allá está la misma tierra
a la que regresamos como extraños;
en el racimo de uvas rosadas yace
la imagen de otro regreso
y este enigmático existir
dulcemente en el rosa
tiende a cumplir el ciclo
que comenzó, radiante, en el verde lejano.
Otros días transcurren
aquí, en otro espacio
que colmó la inutilidad
de una vida ocupada. Ajeno
a la región de las uvas permanece
mi estupor desalentado;
pero nunca la esperanza
tuvo mejor imagen que esto:
la travesía del límite
que da a lo secreto vendrá
de la misma costumbre de la luz
con que las uvas rosadas
van a entrar en la muerte.
Transcripción de Teólogo y otros poemas
Selección y prólogo de Jorge Fondebrider
Buenos Aires, CEAL, 1988
November 14 2009
Eugenio Montale - Bajo la lluvia
Un murmullo; y tu casa se empaña
como el la bruma del recuerdo.
Y gotea la palmera ahora que la sofocación
que retiene el calor de los invernaderos
oprime sordamente incluso las desnudas
esperanzas y los remordimientos.
“Por amor de fiebre…” un remolino
me conduce hacia ti. Brilla, roja,
una cortina, se cierra una ventana.
En la rampa materna ahora camina,
cáscara de huevo que va entre el barro líquido,
poca vida entre un agitar de luz y sombra.
Chillaba Adiós muchachos, compañeros
de mi vida, tu disco desde el patio:
y amo la máscara si aún
detrás del molinete del destino,
me queda el salto que conduce
a tu sendero.
Contemplo los brillantes chaparrones y al
fondo, como nubes,
el humo extendido de una nave.
Aparece un claro…
Y por ti comprendo
lo que arriesga la cigüeña cuando al alzar vuelo
aletea hacia Ciudad del Cabo.
Traducción: Gianni Siccardi
Sotto la pioggia
Un murmure; e la tua casa s’appanna/ come nella bruma del ricordo/ – e lacrima la palma ora che sordo/ preme il disfacimento che ritiene/ nell’afa delle serre anche le nude/ speranze ed il pensiero che rimorde.// ‘Por amor de la fiebre’... mi conduce/ un vortice con te. Raggia vermiglia/ una tenda, una finestra si rinchiude./ Sulla rampa materna ora cammina,/ guscio d’uovo che va tra la fanghiglia,/ poca vita tra sbatter d’ombra e luce.// Strideva Adiós muchachos, compañeros/ de mi vida, il tuo disco dalla corte:/ e m’è cara la maschera se ancora/ di là dal mulinello della sorte/ mi rimane il sobbalzo che riporta/ al tuo sentiero.// Seguo i lucidi strosci e in fondo, a nembi,/ il fumo strascicato d’una nave./ Si punteggia uno squarcio.../ Per te intendo/ ciò che osa la cicogna quando alzato/ il volo dalla cuspide nebbiosa/ rèmiga verso la Città del Capo.
Le occasioni (1939)
.
Príncipe
un hacha si me atavío como
Atenea
(parricidio a contraluz
tu Egeo, padre)
y la soga
si elijo trenzarme
cabello
para
la horca
de todo príncipe
del pensamiento
November 13 2009
November 11 2009
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